Goodbay

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24 may 2013

TIEMPO













TIEMPO PARA MI ,



Fuerzas superiores bendicen definiciones que lejos de sonar disparatadas
se aúnan consolidando el mantra universal que rige mi mundo.

La tristeza es algo inherente al ser humano, la felicidad...
bocados de efímera realidad que alimentan los interminables sueños en los que elegimos vivir.

Nadie debería esperar nada a menos que se haya rendido a El, como yo.








SIENDO MENTIRA



Es una de las conclusiones más claras que mi corta vida me ha dejado de regalo en forma de experiencia, como un doloroso tatuaje reluciente sobre toda mi espalda, cabeza y zona céntrica izquierda de mi pecho.

La esperanza es una arma muy poderosa, que si no logramos domarla con la “maldita” realidad, termina cobrando vuelo lentamente y al mezclarse con los sueños; nos muestra su cara más peligrosa y en ocasiones también dolorosa que podamos imaginar.


En un principio todo es de colores, armonioso y musical.
Donde todo parece tomar el camino ideal,
donde lo incorrecto es pasible de corrección y donde aparentemente hay un solo final posible. El soñado.

Pero es increíble como un día cualquiera, el gris comienzo a tomar posición dominante en el cuadro de colores de nuestras vidas.

El silencio encierra a las melodías musicales que bailaban por nuestra cabeza imaginaria, la tristeza aparece por primera vez en mucho tiempo, desplazando lentamente y sin ningún remordimiento a esos sueños que se creían perfectos e intocables.

La realidad aparece bruscamente tras levantarse el telón de nuestra ceguera, como en una obra de teatro que esconde el verdadero show que pronto estará por comenzar.


Pero éste no es de final feliz, éste es de los Shakespeare, donde Romeo y Julieta no terminan juntos por siempre,
como a uno generalmente le gusta imaginar, le gusta inventar, creer, crear un segundo final que por defecto no es el destinado a darse.

Es por esto, que a aquellos soñadores empedernidos, como yo, les recomiendo no engañar sus expectativas con sueños tontos.

Porque los sueños siempre serán eso, sueños; y muy pocas veces logran tener una relación directa con la realidad.

Sin embargo, caprichoso, yo seguiré apostando a que una de esas pocas veces que se logran mezclar con la realidad, a que esa escasa posibilidad, será la próxima.

Y por lo tanto, volveré a caer en el camino fácil, el de creer en ellos.