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6 jun. 2016

PARTE DE NUESTRA PERSONALIDAD





Ésta es una pregunta que me he estado formulando durante mucho tiempo
y aun no pude encontrar una respuesta coherente para ella.

Si puedo explicarles mi sensación personal sobre la amistad y el amor, en que se basan y como se construyen.

Lo que no quiere decir que tenga la razón.

El mundo es polifacético y hay que aprender a mirarlo desde diversos puntos de vista,
darle la razón al otro, es aprender para uno mismo.

Estas dos expresiones que el ser humano adoptó para nombrar las relaciones entre ellos
se basan en acciones entre dos individuos, las cuales los hacen actuar en conjunto
cambiar su mirada sobre su llamado conocido ahora que ya, aunque sea,
lo ha visto por primera vez y quizá hasta se ha aprendido su nombre.

Más adelante, estas acciones se siguen sucediendo hasta que uno termina por conocer todo sobre la otra persona.

Creo que éste es el momento en el que solemos adoptar el término amistad y la relación se vuelve algo más entretenida, llevadera.

Uno empieza a disfrutar de la compañía del otro.
Incluso la relación puede pasar a más, eso que denominan amor.

Desde mi punto de vista es una mezcla de atracción física y una gran amistad, que combinados hacia otra persona pueden formar algo muy extraño que pocos tienen el privilegio de sentir.

Estás acciones incluso pueden llevar hacia una tercera sensación todavía no mencionada en este artículo, el odio.

Comúnmente se conoce a este término como el rechazo de una persona hacia otra, quizá por personalidades completamente diferentes, o simplemente por actitudes y formas de ser que no pueden formar una amistad.

Cuando esto sucede, simplemente se intentan cortar relaciones con el otro individuo de una vez por todas.
Para seguir amando y queriendo a lo largo de todo lo que nos queda por vivir.

Amar, odiar y querer es parte de nosotros, de nuestra personalidad, es algo que no podemos cambiar voluntariamente.

Se produce solo y no tiene una explicación lógica, simplemente, cada uno puede llamarlo como quiera, puede ponerle las palabras que desee para tratar de expresar lo que siente y como lo siente, pero solo él podrá entenderse.

Aun no hay un medio para transmitir sensaciones.

La amistad y el amor, descritos de esta manera tan objetiva no parecen gran cosa, pero una vez puestas en práctica...

Créanme, no hay nada igual




3 jun. 2016

CÓMPLICES DEL SILENCIO





Fue la despedida, pero no fue brusca.
Fue un adiós lento, paulatino, hasta que un día, al despertarnos, ya no quedaron más palabras, ya no hubo más besos.
El que hasta entonces era nuestro mundo, de repente, se tornó vacío y sin sentido.

Nos culpamos el uno al otro de nuestra mutua desidia.
Nos culpamos de la falta de interés, de la rutina, de los silencios, de la apatía.
Perdimos el tiempo lanzándonos acusaciones, buscando porqués, sin saber que con ello perdíamos la última oportunidad que quizá nos quedaba.

Nos pudo el orgullo. Nos pudieron los silencios tercos; esa sensación de querer y no poder;
el miedo a acercarnos, porque sentíamos que ya estábamos fuera de lugar y de tiempo.
Tiempo.
Tiempo perdido cada uno de los segundos que desde entonces pasé culpándome, culpándote, dándole vueltas a por qué ya no estaba contigo.

Fue el silencio. Ese maldito silencio nacido del miedo a sufrir.
Ese que me atenazaba el alma y que impidió que te dijese lo que de verdad sentía en todos y cada uno de aquellos momentos en los que tú esperabas, en vano, una señal. Ese silencio que se aferraba a mi garganta impidiéndome gritar a los cuatro vientos que sí, que sentía, que te amaba, que para mí la historia no estaba acabada...

Fue el silencio. Ese maldito silencio nacido del orgullo.
Ese que se aferraba a tus dedos cada vez que sentían la tentación de deslizarse por el teclado para escribirme o comenzaban a marcar mi número con la esperanza de escuchar mi voz.

Ese silencio que encarceló tu alma, antes libre, impidiéndote confesarme abiertamente que sí, que sentías, que me amabas, que para ti la historia no estaba acabada...

Fue el silencio el que acabó con nuestra historia, pero el silencio no llegó solo.

Fuimos nosotros quienes lo trajimos a nuestras vidas, quienes lo invitamos a dormir entre los dos, cada noche, en nuestra cama. Fuimos los culpables, en igual grado.

Nos rendimos al miedo, al orgullo, abandonamos la lucha...
Callamos. Callamos porque era más sencillo que arriesgar.
Callamos porque en el fondo, quizá nunca estuvimos preparados para darnos, para amar...

Acallamos a nuestros corazones, les pusimos una coraza y... nos pudo el silencio.



INSTANTES DE PERFECCION


Alguien dijo una vez que las canciones tristes son las mejores, quizá ocurra lo mismo con las historias de amor.
Han pasado dos años y cincuenta días desde que...
No, en realidad creo que hace más, lo cierto es que por triste que parezca no sé cuándo ocurrió,
no sé cuándo te perdí.

Sé exactamente en qué momento me enamoré de ti; recuerdo el olor a sal, la risa de los niños, lo caliente que estaba el agua de los globos que utilizamos en aquella batalla, recuerdo pensar en lo afortunada que era ella por tener a alguien como tú.

También recuerdo el momento en el que te fuiste, recuerdo las palabras que no te dije, recuerdo el quejido de mi corazón al partirse, el sonido de la puerta al cerrarse y después....
todo ese silencio.
Seamos sinceros, creo que al menos nos debemos eso; te perdí en algún momento entre el "sí, quiero" y aquella discusión tonta que me llevó a romper aquella promesa, la que hablaba de brillar juntos en el cielo.

Dicen que el tiempo lo cura todo, que con el tiempo todo se olvida y yo...
Yo he pasado los últimos años tratando de no olvidar, tratando de conservar cada pedazo de ti,
del nosotros que un día fuimos.
He ordenado nuestro pasado en cintas para el proyector que he montado en el ático, con todas esas fotos que hablan de sonrisas y días de nieve.
Por supuesto, he colgado diminutas luces que simulan nuestras estrellas.

Creí que si no te olvidaba, si no perdía la esperanza encontrarías el camino a casa,
como si fuese uno de tus cuentos, esos que siempre acaban bien...
Hoy sé que no vas a volver, necesitas que te deje ir y yo necesito dejarte hacerlo.

Quizá, algún día, sea capaz de pensar en ti sin que duela.
Quizá, algún día, pueda mirarles y verte en ellos sin sentir que me falta el aire y sé que,
mientras ese "algún día"
llega, voy a tener que sentir cómo mi corazón se detiene cuando ellos me miren, hablen de ti o simplemente pidan un cuento de buenas noches.
con el tiempo volví a sonreír, que me encontré a mí misma y escribí mi propio cuento, uno con un final feliz. 

Sí, quizá... Algún día.



EN EL OCASO


También están los que usan las palabras, como arma y escudo, para cerrar el portón a la nostalgia —o en el peor de los casos— abrirla y engullirla a litros.

Es de ley, es de santo código abrigarse alrededor de la gramática, sin tocarla, juntos pero sin andar mezclando pieles, dos entes equidistantes, y enredar… 
Jugar a entrelazar las sílabas, como quien teje un tapabocas que siempre deja a medias, como quien no espera al sueño y ya desde bien temprano se vuelve dragón —que no caballero— obviando a la princesa.

Tiñamos grafías entonces, sepamos que los dedos nacieron para sostener tu pluma.

En ella se engendran todos los recelos del mundo.
No hay ocaso, hasta eso se ha perdido.
Te lo dije a pie de página, pero siempre percibes mis frases desde arriba…
Y yo también me bebo el miedo.

Tracemos sobre la hoja entonces.

No nos queda de otra. Apuremos la tinta que envenena tus pensamientos,
demos luz a tus musas y que corran por la vena hasta el ventrículo.

Porque la gran contrariedad es latir, conseguir que de una maldita vez sintamos algo.
O quizás ya sentimos, tú al menos.

Por esa amante insatisfecha que te exige más de lo que vales, que no se muerde la boca ni derrama exuberancias en la tuya, esa misma que se desprende de tus ropas cada vez que le aprietan sus zapatos, la que nunca come de tus miserias…

¡Y es a esa a la que tú le rindes pleitesía!

Acabemos con esto, pasemos la página y cerremos el libro, no da para más tu historia.

Se agotaron las noches en vela, se ha consumido el ímpetu y la perseverancia. Asume la derrota.
No más puntos suspensivos, no más comas, no más símiles brillantes que disfracen de extraordinario lo mediocre. Ya basta de proporcionar complejidad a lo simple.

Demos fin, tu verdad no es la verdad, la verdad es solo una.
Ahórrate el cinismo barato, la mentira piadosa que te vendes, no más mártires de cuento. 


No endulces la crudeza. La literatura —tu ausente amante intransigente— no se queda a solas llorando tu partida, no eres tú quien se pierde en el ocaso, no. 
No es ella quien sangra por la herida…

Eres tú a quién abandona.



21 may. 2016

LEYENDO TUS LABIOS




El vínculo que une a dos personas a veces se rompe dolorosamente cuando una de ellas olvida a la otra, aunque sea durante un tonto beso. Pero no siempre es algo tan simple, a veces... es algo más.

Una relación en la que sucede esto, tiene un problema de raíz y ese tipo de cuestiones se resuelven conversando y restaurando, por todos los medios posibles, la confianza mutua.

Es posible hablarlo, es posible dialogar y analizar el porqué y sanear las heridas para que curen con el tiempo. Y es que somos seres imperfectos, nuestras vidas conforman una maraña a veces complicada de desentrañar y es difícil distanciarse del ego en pos de lo realmente importante.

Creo que se puede dar una segunda oportunidad a esa persona que es tu media naranja pero que ha sido débil, o se ha distraído, o durante un momento ha apartado la vista.

Ese voto de confianza a quien más quieres, a pesar de que te haya hecho mucho daño, es una de las mayores muestras de amor que un ser puede ofrecer.

Nunca es fácil perdonar. Ni siquiera lo es para la más nimia de las tonterías, mucho menos aún sabiendo que tu media naranja ha estado durmiendo con otra persona.
Pero perdonar es un acto valiente y maduro.

Perdonar es una huida del rencor y el orgullo, es abrir los ojos ante una persona que se entrega a sabiendas de sus pecados y con la promesa de no volver a distraerse.

Sin embargo, regalar el perdón a esa persona que ha cometido una estupidez y se arrepiente de ello puede convertirse en el más fuerte pilar de la relación.

Si esa persona está realmente avergonzada de sus actos y el amor permanece entre ambos, incluso en esas circunstancias, entonces perdonar puede ser la clave de la felicidad.
Tiempo es pues de reconstruir.

Otra cosa es olvidar...




 

HUMO DE CIGARRILLOS



Seguir tu aroma y desaparecer...

No sé por qué he llegado hasta aquí. Sólo sé el cómo. Tu perfume.
El único capaz de imponerse por encima del aroma de mis cigarrillos. Como una metáfora, todo lo quemo, mi pasado se convierte en cenizas entre mis dedos. Sólo tú eres ignífuga.

Y hueles a tierra, profunda, húmeda, cálida. Hablas directamente al centro de mí, a esa parte que no alcanza el raciocinio. Y yo... yo estaba condenado desde el mismo momento en que tus caderas fueron una promesa de encadenarme al infierno.

La desventaja es que tú te empeñaste en redimirme. Sin saber por qué fui tu trabajo de campo, tu obsesión. Mi salvación fue tu meta, mi sonrisa tu bandera. Y conseguiste, al final, lo que tanto deseabas.

Aún así, en las frías madrugadas en que duermes desnudO y tranquila en nuestra cama
después de la pasión y yo me levanto a fumar en la terraza, aún en ese momento el humo de mi cigarrillo es incapaz de vencer tu aroma en mis dedos.

Tu amor es más fuerte que mi propio yo.


 
 
 

Alejandro Fernández - Se Me Va La Voz (Live At El Lunario En la Ciudad D...

http://selene-sselenee5.blogspot.com

7 abr. 2016

Cristian Castro - Así Era Ella

http://selene-sselenee5.blogspot.com

HAZ QUE ME ACUERDE DE TI



Dicen que el primer amor es especial y nunca se olvida. Será que el juego de la casualidad lo ha querido así. Jugar a la oportunidad, jugar a tropezar.

Mismas piezas, mismo juego...

Qué mágico es paladear un recuerdo pintado de perfección, que duro puede ser volver a ese lugar de nuevo... Y sin embargo, si pudiese escoger de nuevo, lo volvería a hacer sin pensarlo.

Justo como la primera vez...

Solo en los recuerdos, otra vez, vale dar la vuelta atrás, cambiar la realidad, recurrir a los sueños... Pero si por un fugaz instante de locura cambiase solo un punto del lienzo...

Que delgada linea entre pesadilla y...

No se responder los porqués, me asusta pensar los quizás. ¿Qué pasa cuando el verano acaba? ¿Qué pasa cuando la distancia se convierte en realidad? Y todo a punto de explotar...

Esperando una señal...

Solo tratando de mantener el control.

Luchando por mantener el control. Pero los peros, y vuela otra vez... Hasta que...

No, no he luchado por... Pero si me preguntan porqué, será que tendría que saber porque vivo.







 

AUN EN EL OCASO



También están los que usan las palabras, como arma y escudo, para cerrar el portón a la nostalgia —o en el peor de los casos— abrirla y engullirla a litros.

Es de ley, es de santo código abrigarse alrededor de la gramática, sin tocarla, juntos pero sin andar mezclando pieles, dos entes equidistantes, y enredar… 
Jugar a entrelazar las sílabas, como quien teje un tapabocas que siempre deja a medias, como quien no espera al sueño y ya desde bien temprano se vuelve dragón —que no caballero— obviando a la princesa.

Tiñamos grafías entonces, sepamos que los dedos nacieron para sostener tu pluma.

En ella se engendran todos los recelos del mundo.
No hay ocaso, hasta eso se ha perdido.
Te lo dije a pie de página, pero siempre percibes mis frases desde arriba…
Y yo también me bebo el miedo.

Tracemos sobre la hoja entonces.

No nos queda de otra. Apuremos la tinta que envenena tus pensamientos,
demos luz a tus musas y que corran por la vena hasta el ventrículo.

Porque la gran contrariedad es latir, conseguir que de una maldita vez sintamos algo. O quizás ya sentimos, tú al menos.

Por esa amante insatisfecha que te exige más de lo que vales, que no se muerde la boca ni derrama exuberancias en la tuya, esa misma que se desprende de tus ropas cada vez que le aprietan sus zapatos, la que nunca come de tus miserias…

¡Y es a esa a la que tú le rindes pleitesía!

Acabemos con esto, pasemos la página y cerremos el libro, no da para más tu historia.

Se agotaron las noches en vela, se ha consumido el ímpetu y la perseverancia. Asume la derrota.
No más puntos suspensivos, no más comas, no más símiles brillantes que disfracen de extraordinario lo mediocre. Ya basta de proporcionar complejidad a lo simple.

Demos fin, tu verdad no es la verdad, la verdad es solo una.
Ahórrate el cinismo barato, la mentira piadosa que te vendes, no más mártires de cuento. No endulces la crudeza. La literatura —tu ausente amante intransigente— no se queda a solas llorando tu partida, no eres tú quien se pierde en el ocaso, no. No es ella quien sangra por la herida…

Eres tú a quién abandona.



Pablo Alborán - Desencuentro (Directo) - Tres noches en Las Ventas

http://selene-sselenee5.blogspot.com

CABALGANDO EN MEDIO DE LA BRUMA



Tus palabras resuenan en mi mente mientras recorro la autopista en la noche, tibia y sin estrellas.


Voy camino al norte, donde aún se respira el aire frío. Cogí mi motocicleta -esa noble bestia color negro azabache, encarnación de la nocturnidad- y partí sin decir nada a nadie. Necesito estar solo con mi soledad.

Necesito ordenar mis ideas y tomar una decisión, pues no aguanto la tristeza y no puedo soportar tanto dolor.

Si pudiera ver en tus ojos en este instante diría con seguridad que están a la espera de una explicación. Te la daré, porque la mereces y porque sé que lo que hoy te diga solamente en ti quedará.

O tal vez no diré nada al respecto y me iré por la tangente, ya sabes cómo soy.

Hace mucho que no toco tus labios, pero siento como si de ellos hubiera bebido el néctar de los dioses... hace mucho que no me veo reflejado en tus ojos, pero siento como si hubieran iluminado mi camino toda la vida...

Te siento tan cerca aunque estés tan lejos...Te echo de menos, te amo, te amé desde el primer momento y te amaré hasta que exhale mi último aliento y aún más.

Pues los dioses tienen que regalarnos el poder reunirnos y estar juntos para siempre.

No sé qué pasará después de que envíe esta carta, pero sí sé que no vas a contestar.

Acaricio tu cabello y percibo el aroma de las flores que salen de su letargo invernal; beso tus labios y los siento más dulces que la miel recién extraída de los panales; abres los ojos y ante mí se extiende el límpido cielo primaveral; y el viento que viene del norte ha hecho desaparecer esas nubes grises que se cernían sobre nosotros...

Recuerdo una noche que te miraba a la luz de la luna.

Solamente entraba un tenue rayo, pero iluminaba tu ser de una manera maravillosa. Parecías flotar en las nubes cuando entonces una ligera mueca curvó tus labios.
En sueños algo te molestaba.
Murmurabas palabras que casi no comprendía, pero entre ellas escuché “amor” y “siempre”. Te cubrí con un abrazo que deseé fuera eterno y puse un beso en tu frente.

Recuerdo cómo te conocí. Quedé prendado de ti desde el primer instante.

Recuerdo las primeras llamadas, la ilusión de verte. Recuerdo el calor en mis mejillas cuando en ellas tus manos posaste...no tan delicadamente, por cierto.

Pasamos por mucho, mi amor. Y ahora solamente me quedan los recuerdos. A veces, tengo miedo de que incluso esos recuerdos no sean reales y que todo sea producto de mi imaginación febril. Porque no te tengo a mi lado, porque no me dejaste nada...

Aun así, sé que te amo.







NOS PUDIERON LOS SILENCIOS



Fue la despedida, pero no fue brusca.
Fue un adiós lento, paulatino, hasta que un día, al despertarnos, ya no quedaron más palabras, ya no hubo más besos.
El que hasta entonces era nuestro mundo, de repente, se tornó vacío y sin sentido.

Nos culpamos el uno al otro de nuestra mutua desidia.
Nos culpamos de la falta de interés, de la rutina, de los silencios, de la apatía.
Perdimos el tiempo lanzándonos acusaciones, buscando porqués, sin saber que con ello perdíamos la última oportunidad que quizá nos quedaba.

Nos pudo el orgullo. Nos pudieron los silencios tercos; esa sensación de querer y no poder;
el miedo a acercarnos, porque sentíamos que ya estábamos fuera de lugar y de tiempo.
Tiempo. Tiempo perdido cada uno de los segundos que desde entonces pasé culpándome, culpándote, dándole vueltas a por qué ya no estaba contigo.

Fue el silencio. Ese maldito silencio nacido del miedo a sufrir. Ese que me atenazaba el alma y que impidió que te dijese lo que de verdad sentía en todos y cada uno de aquellos momentos en los que tú esperabas, en vano, una señal. Ese silencio que se aferraba a mi garganta impidiéndome gritar a los cuatro vientos que sí, que sentía, que te amaba, que para mí la historia no estaba acabada...

Fue el silencio. Ese maldito silencio nacido del orgullo.
Ese que se aferraba a tus dedos cada vez que sentían la tentación de deslizarse por el teclado para escribirme o comenzaban a marcar mi número con la esperanza de escuchar mi voz.

Ese silencio que encarceló tu alma, antes libre, impidiéndote confesarme abiertamente que sí, que sentías, que me amabas, que para ti la historia no estaba acabada...

Fue el silencio el que acabó con nuestra historia, pero el silencio no llegó solo.

Fuimos nosotros quienes lo trajimos a nuestras vidas, quienes lo invitamos a dormir entre los dos, cada noche, en nuestra cama. Fuimos los culpables, en igual grado.

Nos rendimos al miedo, al orgullo, abandonamos la lucha... Callamos. Callamos porque era más sencillo que arriesgar. Callamos porque en el fondo, quizá nunca estuvimos preparados para darnos, para amar...

Acallamos a nuestros corazones, les pusimos una coraza y... nos pudo el silencio.


XI


 

NOCHE ETERNA



Nos conocimos de día pero nos desvestimos de noche,
en todos los sentidos,  bajo la luz de las estrellas.
Desarmados, en silencio, y a centímetros de distancia los gritos vienen desde dentro como planetas que estallan. Avanzando sin pausa buscando a dentelladas prender nuevos sueños.

Ya hemos encendido tantos como luces hay en el cielo.


Es el motor que nos eleva infatigable. Desde la pequeña ventana de esta nave dibujamos constelaciones sobre el cristal con las yemas de los dedos.

Hay tantas posibles nuevas formas uniendo estrellas como maneras de quererse.

Constelaciones o como ver lo mismo en un mar de puntos.

Navegando entre la locura, el caos de luces ya quema sin viajar miles de años.

Es momento de abrir los ojos y quedarse ciego, de saltar al vacío y flotar sin respiración, arder por fuera para poder sentir por dentro.


 

26 feb. 2016

PARA EL AMANECER


Fue la despedida, pero no fue brusca. Fue un adiós lento, paulatino, hasta que un día, al despertarnos, ya no quedaron más palabras, ya no hubo más besos. El que hasta entonces era nuestro mundo, de repente, se tornó vacío y sin sentido.

Nos culpamos el uno al otro de nuestra mutua desidia.
Nos culpamos de la falta de interés, de la rutina, de los silencios, de la apatía.
Perdimos el tiempo lanzándonos acusaciones, buscando porqués, sin saber que con ello perdíamos la última oportunidad que quizá nos quedaba.

Nos pudo el orgullo. Nos pudieron los silencios tercos; esa sensación de querer y no poder; el miedo a acercarnos, porque sentíamos que ya estábamos fuera de lugar y de tiempo. Tiempo.

Tiempo perdido cada uno de los segundos que desde entonces pasé culpándome, culpándote, dándole vueltas a por qué ya no estaba contigo.

Fue el silencio. Ese maldito silencio nacido del miedo a sufrir.
Ese que me atenazaba el alma y que impidió que te dijese lo que de verdad sentía en todos y cada uno de aquellos momentos en los que tú esperabas, en vano, una señal.

Ese silencio que se aferraba a mi garganta impidiéndome gritar a los cuatro vientos que sí, que sentía, que te amaba, que para mí la historia no estaba acabada...

Fue el silencio. Ese maldito silencio nacido del orgullo.

Ese que se aferraba a tus dedos cada vez que sentían la tentación de deslizarse por el teclado para escribirme o comenzaban a marcar mi número con la esperanza de escuchar mi voz.

Ese silencio que encarceló tu alma, antes libre, impidiéndote confesarme abiertamente que sí, que sentías, que me amabas, que para ti la historia no estaba acabada...

Fue el silencio el que acabó con nuestra historia, pero el silencio no llegó solo. Fuimos nosotros quienes lo trajimos a nuestras vidas, quienes lo invitamos a dormir entre los dos, cada noche, en nuestra cama.

Fuimos los culpables, en igual grado. Nos rendimos al miedo, al orgullo, abandonamos la lucha... Callamos. Callamos porque era más sencillo que arriesgar.

Callamos porque en el fondo, quizá nunca estuvimos preparados para darnos, para amar...

Acallamos a nuestros corazones, les pusimos una coraza y... nos pudo el silencio.












SUSURROS


Sueño con tu sonrisa cada mañana. La forma en la que tus ojos se achinan y muestras tu perfecta dentadura me dice que eres feliz, que me quieres.

Tus manos acarician mi piel, pero es mi alma la que agitas en su interior. Tus brazos me rodean y sé que no hay otro lugar al que pertenezca.
Tus ojos me dicen todo cuanto necesito saber, pues cuando brillan, puedo ver los míos reflejarse.

Cuando suspiras, son mis sueños los que se convierten en imágenes. Imágenes que empiezan a sucederse lentamente como si de un film antiguo se tratara.
Ese gesto, en el que te deshaces de aquel reloj de acero cuando la noche está bien entrada, hace que quiera entregarte todo mi tiempo, que el resto del día no tenga sentido si no termina contigo, en ti.

Porque tus besos detienen mi vida, pero a la vez la aceleran, siendo tus labios los únicos que soy capaz de sentir. Porque eres capaz de secar mis lágrimas y hacer que el resto de mi cuerpo sude, de convertir el negro en blanco, sin rozar siquiera alguno de los tonos grises. Conviertes mis horas en segundos y mis años en días. Y el tiempo pasa así rápido para nosotros, casi sin dejar huella, como un ciclón que todo lo arrasa a su paso.

Adueñándote de mis noches consigues que mi cuerpo no se sienta cansado, porque ya no necesito el sueño. No necesito el sueño porque tú eres mi sueño. Un sueño que jamás se hará realidad.

De amor vivo. Y sin amor, hoy, muero.






ESTO ES DIFICIL DE AFRONTAR MUY DIFICIL.


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Esto es difícil de afrontar, muy difícil. Cuesta digerir que has dejado de ser la prioridad, lo que movía la vida de quien es el motor de la tuya. Desgraciadamente, cuando te das cuenta, no hay nada que hacer. Duele y sólo quienes han pasado por algo así son conscientes de cuánto duele, del nudo que te cierra el estómago y te impide respirar, de las ganas de llorar, de romper con todo, de echarte a la carretera por años... y girar, girar y girar... sin hacer de ninguna ciudad tu hogar permanente.

Dicen que con el tiempo te serenas, que cada cosa dura lo que tiene que durar, incluso el dolor. Que esa sensación de angustia y de abandono desaparece y que apenas quedan rondando por tu cabeza algunos recuerdos.

Eso dicen. A saber si es verdad...




¿ SER BUENO O SER TONTO ?

Ay tres tipos de personas, o eso me decía mi madre: los buenos, los malos y los “tontos”. Yo, a día de hoy, sólo tengo claro que no pertenezco al grupo de los malos, pero dudo entre las otras dos opciones.

El grupo de los buenos está formado por personas con bondad innata, de esa que en el mundo ─desgraciadamente─ poca queda y, para más inri, tiene el peligro de corromperse, o lo que es peor, destruirse por completo.

Sin embargo, ¿quién puede hacer añicos al espíritu genuino de los buenos?

Obviamente, su antagonista: ¡los malos! Reconocer a este grupo puede ser una tarea bastante complicada ─a no ser que sus hechos sean tan exageradamente malévolos y estén muy a la vista de los demás─, sobre todo, cuando al principio, se colocan la máscara del grupo de los buenos. Todavía me pregunto cómo lo consiguen... ¡realmente se hacen pasar bien por uno de ellos! Su nombre los describe y poco hay que decir de esta especie. Simplemente, hacen daño. No hay motivo. No hay un punto exacto. Sólo ganas, conscientes, de lastimar.

Por último, están los “tontos”. Suelen ser buenos ─aunque algún tonto malo me he encontrado yo por ahí, ¡no lo voy a negar!─ pero suelen sufrir demasiado.

¿Por qué? Porque a veces se aprovechan de ellos. Pueden aguantar ofensas, malas palabras y asumir culpas cuando ni siquiera son suyas propias. Pueden soportar las lágrimas, estar tristes y no decir ni una sola palabra, fingir una sonrisa y hasta ser el florero del grupo infinitas noches con tal de hacer felices a sus amigos.

¡Oh! ¡Discúlpame! Seguramente te preguntarás porqué he puesto las comillas en la palabra “tontos”. Yo te lo explico: el que es bueno, ¡es bueno!. El que es malo, ¡es malo!. Sin embargo, el que es “tonto” realmente lo es a la mitad.

Sabe perfectamente el daño que le van haciendo poco a poco y reconoce cuando alguien le ataca, incluso cuando lo hace en un tono vagamente sutil. Eso es de alguien inteligente, independientemente de si es bueno o si es malo.

Aún así, se calla deseando que ese sólo haya sido un momento concreto con una persona exacta, anhelando que al día siguiente todo estará bien, que jamás volverá a ocurrir e intentando olvidar palabras que le hirieron.

Esto último, raras veces lo consigue y ese día termina llegando una y otra vez, y no sólo con una, sino con varias personas. Y aguanta, ¿por qué? Ni siquiera el “tonto” lo sabe, de ahí su estupidez.

No es capaz de enfrentarse y ahí disminuye su valor. Desgraciadamente, no hablo sólo del coraje, sino del valor que se tiene a sí misma esa persona. Deja de confiar en ella, se siente cada vez más pequeña. Inseguridad. Miedo.

¿Estoy hablando de mí? Lo más probable es que sí. También podría estar hablando de ti. ¿Por qué no rompemos esas cadenas que nos atan como si fuéramos las marionetas de un maldito teatro reciclado? ¿Por qué no somos como nos gustaría ser y no cómo les gustaría a los demás que fuéramos? ¿Por qué no gritamos? ¿Por qué no nos hacemos valientes?

¡Oh! ¡Espera! ¡Sí lo somos! Sí hemos aguantado todos los improperios y situaciones dramáticas que no tiene sentido recordar, ¡deberíamos ser más valientes que ellos! Deberíamos. Debemos. Siempre.

 El grupo de los malos no cuenta. Nunca. Jamás. Queda el de los buenos. A secas.
 El mejor.






Lo amaba.
Lo sabía cada mañana, cuando el aroma a café se abría paso hasta su cerebro entre las brumas del alcohol en cualquier hotel y cuando trataba de leer el futuro de su historia en los oscuros posos que se dibujaban en el fondo de la taza después.

Lo amaba. Lo gritaba cada noche,
cuando cada poro de su piel se enredaba en la sábana de la pasión que apagaba en cualquier otro cuerpo y cuando al terminar, desnudo de su amor, se vestía el corazón con jirones de anhelo y recuerdo.

Lo amaba. Lo callaba cada tarde, cuando sus dedos temblorosos arrancaban sin querer poemas de amor de las cuerdas de su guitarra
y cuando su maldita timidez, disfrazada de soberbia, le hacía incapaz de articular palabra al mirarlo.

Lo amaba. Lo sentía a cada momento,
cuando el nudo de su pecho se hacía tan molesto que amenazaba con asfixiarle si no dejaba brotar el sentimiento.
Y cuando frustrado e impotente juntaba letras y palabras que luego se tragaba.

Lo amaba. Lo sabía y muda lo gritaba.
Lo sentía e, invariablemente, lo callaba.

Frustración y anhelo. Impotencia y desnudez. Timidez y recuerdo...
Dedos temblorosos, pasión, alcohol y nudo en el pecho...
Amenazando con asfixiarle, miedo y soledad, con continuar hundiéndolo.
Debía hablarle; hacerle saber más allá de la invisible e insalvable barrera
que los separaba.

 Mas... ¿cómo llegar a su corazón si para ella era menos aún que nada?
¿Cómo hacerle entender que hacía años que lo amaba?

Si jamás cruzaron palabra



PERDIENDO LA CUENTA







Son ya muchos años desde que pasó, tantos que he perdido la cuenta, sin embargo, siempre vuelve y se come el futuro.
El día de lo que no hablo estaba viajando solo a ningún lugar, inmersa en una gira para buscar mi sentido artístico.

Cuando recibí la noticia de su boca me desperté en un planeta lejano, una isla diminuta aislada en el medio del universo.

Al abrir los ojos y mirar a mi alrededor no estaba sorprendida, no sabía quién era pero eso nunca planteó ningún interrogante.


Todos los días me despertaba, paseaba por la esfera con la mente perdida bajo un cielo sin estrellas y miraba por la ventana al lejano mundo que bullía ajeno a mí.
La verdad es que jamás me pregunté qué hacía allí.
Era un extraña en mi propio ser.

Los días se deslizaban ante mí como la corriente de un riachuelo cercano, incontrolables. A veces iba más rápida, otras despacio, en invierno, sencillamente, se congelaba.

Pero siempre volvía aunque transformada.

Una tarde tumbada boca arriba junto a la música del tiempo jugaba a contar el número de aviones que sobrevolaban ese planeta lejano que me obsesionaba.

Era todo un baile de rastros cortando el cielo, siempre a la vez, de izquierda a derecha, como una competición en que nadie ganaba. Esa tarde todo cambió cuando apareció el.

Era diferente a mí, aunque nos entendíamos a la perfección usando las palabras no se podría decir que hablásemos el mismo idioma.

Llegó a poner preguntas en un cuerpo sin respuestas y los cimientos se agitaron. Yo era una habitación llena de trastos olvidados en las baldas más altas a las que no llegaba, con los temblores empezaron a caer.

Me preguntaba y preguntaba y tras cada respuesta se paraba un buen rato a observarme como a un bicho raro antes de lanzar una nueva tanda de preguntas.

Creo sinceramente que no había respuestas buenas o malas, simplemente eran interrogantes que debían responderse, con sinceridad, para generar otras respuestas internas.


Sea como fuere funcionó, cambió mi realidad. Un día al pestañear aparecimos de vuelta en este mundo de cosas-que-hay-que-hacer, su mundo que a mí todavía se me hace extraño.

Por suerte, nos reservamos la posibilidad de poder, de vez en cuando, pestañear y perdernos en un mundo donde me sé mover sin ataduras. 

Si le preguntan ella dirá que el agua todavía se está descongelando, yo creo que la corriente fluye desatada bajo el manto helado, y nunca encontraré palabras suficientes para agradecérselo, salvo en los contados momentos, como este, en que se rompe el hielo.